La
viña y el vino en Cataluña es tan antigua como su historia y su cultura. El mar Mediterráneo, cuna de culturas, es quien forja bajo un mismo suelo y un mismo viento, la viticultura en Cataluña. Introducida por los Fenicios y los Griegos, mediante el comercio a través de la Mediterránea, la viña se implanto en Cataluña en el siglo IV aC., alrededor de la metrópoli griega Emporium (Empuries). Durante la época del Imperio Romano, siglos II aC. y V dC., el cultivo de la viña se consolida en Cataluña, siendo cultivada por los propios romanos (privilegio establecido por Cicerón el año 125 aC.).
En el año 100 aC. alrededor de todas las urbes romanas de Cataluña se cultivaba la viña (Emporiae, Gerunda, Barcino, Tarraco...), con una producción bastante importante, ya que el vino se exportaba a la capital del Imperio Romano, Roma, a ciudades del norte de África, a la Galia, y a la Bretaña. El vino se envasaba en ánforas fabricadas en hornos próximos a las viñas, como Remedes (Cornellà de Terri), Castell (St. Boi de Llobregat).
La caída del Imperio Romano, siglo V dC., y la invasión
de los pueblos bárbaros y musulmanes posteriormente, provocó que la viña se dejase de cultivar en los siglos VI, VII i VIII d. C. Catalunya, durante la primera mitad de la Edad Media, fue un terrreno fronterizo entre el Reino Franco y el musulmán
del Emirato de Córdoba (Marca Hispánica) y, como resultado de las contínuas luchas el terreno quedó
desolado e imposible de conrear.
Durante los siglos X y XI, al afianzarse el "Comtat de Barcelona (Guifré I el Pelós)", e independizarse del Reino Franco (Borrel II), cuando la ciudad de Barcelona disfrutó su esplendor político y económico y su posterior expansionismo (Reinados de Ramon Berenguer III y IV, Alfons I, Pere I el Catòlic, y Jaume I el Conqueridor). En
las tierras catalanas conquistadas, los frailes cistereros construyeron importantes monasterios como los de Santas Crucess (siglo XI), el
de Santa Maria de Poblet (segle XII) ..., volviendo a cultivar
la viña en sus alrededores y a elaborar vino en els sus bodegas,
ya que los hombres de la reconquista sabian abrazar el arte de sus catedrales (monasterios) con los frutos de la tierra
(cereal, viña y olivos).
De los alrededores de los monasterios, la viña se extendió por toda la geografía meridional catalana, llegando a ser en el año 1758, la principal fuente de ingresos de los campesinos catalanes, y uno de los principales motores de su economía, pues los vinos, mistelas y aguardientes catalanes eran exportados a los mercados ingleses, y a las colonias de ultramar, llegando a ser el primer capítulo de las exportaciones catalanas.
A finales del siglo XIX, en Cataluña estalló el movimiento artístico que aun hoy nos maravilla, el Modernismo, arquitectos de la talla de Gaudí (1852-1926), César Martinell (1888-1973), Doménech i Montaner (1850-1923), Puig i Cadafalch (1867-1956).... construyeron bodegas amparados por el espíritu innovador de la Mancomunitat Catalana (creada el año 1913), auténticas obras de arte, como las bodegas cooperativas de Pinell de Brai, Falset, Gandesa, Nulles, L'Espluga de Francolí, Rocafort de Queralt, Sarral, ... llamadas las Catedrales del Vino, dignas de ser visitadas (ver ruta de las Catedrales del Vino).
Pero la viticultura en Cataluña no es solamente historia sino también modernidad, con la aplicación de las tecnologías más avanzadas (viñas emparradas, selección sanitaria y clonal, fermentaciones con temperatura controlada, crianza de vinos en barricas de roble, análisis y controles constantes de calidad,...), todo para obtener como resultado vinos de la mejor calidad, que junto con la tradición, hacen que el vino catalán siga manteniendo su reconocimiento en todo el mundo.
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